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Mi primer encuentro pasional

Mi primer encuentro pasional

Estuve euf√≥rica en clase. Mario me daba tranquilidad. Una tranquilidad diferente a la que sent√≠a cuando estaba con Nacho o mi padre. Aunque tambi√©n la ma√Īana se me hizo eterna. Quer√≠a que se terminasen las clases cuanto antes para poder ir a casa de Mario a continuar lo que dejamos a medias dos d√≠as atr√°s… para disfrutar de mi primer encuentro pasional, en otro cap√≠tulo m√°s de mi diario √≠ntimo: Ester en la intimidad.

Durante la comida estuve contando a Mario todo lo que había pasado el día anterior. Aunque no estuve atenta por lo menos me enteré de muchas cosas. Le expliqué lo que no entendía de matemáticas gustosa, aunque estaba pensando en lo que iba a hacer por la tarde. Quería practicar todo lo que me había dicho Nacho después de cenar.

Al terminar las clases fuimos directos a casa de Mario. No tardamos en realizar la tarea. No teníamos mucha y habíamos aprovechado la hora de la comida para avanzar lo máximo posible. Pronto empezaron los preliminares. Se notó que ambos teníamos ganas. Aunque era mi primera vez, tenía ganas de hacerlo. Quería saber lo que se sentía.

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Mario no defraudó. Empezamos tranquilos, acariciándonos, besándonos, tocándonos por todo el cuerpo. No tardamos en tumbarnos en la cama. Estábamos desnudos. Aunque todo había empezado despacio todavía estaba algo tensa. En ese momento pensé en lo que me había dicho Nacho. Es mejor estar relajada en esa primera vez. Si le importas al chico, él irá con cuidado.

Mi primer encuentro pasional

Así fue. Estábamos tan juntos que ni me di cuenta de que Mario ya había introducido su pene dentro de mí. Fue una sensación rara. Seguimos acariciándonos y pronto Mario empezó a meterlo y sacarlo, como si fuera una zambomba. Me gustó, y me dejé llevar en mi primer encuentro pasional. Cada vez lo hizo más rápido y estaba encantada. Estaba gimiendo como nunca lo había hecho. Menos mal que estábamos solos. Se me tenía que oír en toda la casa. Aunque Mario no se quedaba atrás.

Aunque todavía faltaba mas. Puse mi espalda contra su pecho y Mario me empezó a tocar también la parte superior de los labios vaginales. Ya estaba gozando quería que siguiera tan rápido como pudiese. En ese momento nos corrimos a la vez. Estaba tan encantada, estábamos tan encantados que no nos dimos que se había corrido dentro de mí. No sabía que iba a ser así. Estaba deseando volver a repetir, volver a sentir esa sensación.

Miré a Mario estaba espléndido. Yo también estaba en una nube. Nos miramos de manera cómplice y poco a poco nos relajamos. Era momento de quitarnos el sudor y limpiarnos. Nos vestimos sin decirnos nada, aunque con las miradas bastaban.

Ya era hora de volver a casa. Ese día me costó despedirme de Mario, bueno en realidad, nos costó despedirnos a los dos. Nos dimos un buen morreo antes de irme de vuelta a casa. La vuelta casa la pasé con una sonrisa de oreja a oreja. No sabía que la primera vez iba a ser así. Me había encantado, de hecho quería repetir de nuevo.

Al llegar a casa Nacho se dio cuenta de que estaba euf√≥rica y despu√©s de cenar me pidi√≥ que le contase qu√© tal. Quer√≠a todos los detalles. En un primer momento no quer√≠a, me daba mucha verg√ľenza. Pero en su cuarto le cont√© c√≥mo hab√≠a sido.

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Esa peque√Īa charla con Nacho me hizo conocer un poco m√°s a mi hermano. Nunca hab√≠amos tenido ese tipo de charlas hasta ese momento y me alegr√© de tenerla. Me dio unos cuantos consejos para hacerlo y no tener sorpresas. Fue divertida.

Cuando me fui a mi habitaci√≥n me di cuenta de que Mario me hab√≠a mandado un mensaje. ‚ÄúMe ha encantado hacerlo. Hay que repetir. Estar√© pensando en ti esta noche‚ÄĚ El sentimiento era mutuo. No me lo quitaba de la cabeza. Esa sensaci√≥n era indescriptible. Le contest√© con un ‚ÄúA m√≠ tambi√©n me ha gustado, por supuesto que hay que repetirlo‚ÄĚ

Cuando me fui a la cama también me toqué en la misma zona en la que Mario me había tocado, y aunque era diferente también me gustó la sensación. Eso sí, tuve que morderme la lengua para no gritar. Mi padre estaba en la habitación de al lado y no quería tener una charla sobre el tema con él. Prefería las charlas con Nacho que no era tan severo en esos temas y podíamos hablar sin tapujos.
Esa noche apenas pude dormir. Estaba entusiasmada con haberlo hecho. Era como en las películas. Estaba enamorada de Mario y el sentimiento era mutuo por lo que este daba a entender. No podía estar tan feliz pensando en mi primer encuentro pasional; estaba enamorada y con la certeza de que podía mantener la relación sin pensar en cuando nos volveríamos a mudar.

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