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Secreto 12 de Irene

Secreto 12 de Irene

Aquel día estábamos aburridas y decidimos ir a su casa; saludé a sus padres y subimos a su habitación. La observé por unos instantes: era pequeña pero muy reconfortable. Nos sentamos en la cama y comenzamos hablar de un amor que ella tenía guardado en su corazón y sus ojos despertaban un brillo de tristeza.

La anime como pude y pareció sentirse mejor:

Amiga: ¡Que aburrimiento! Se me ocurre una idea.

Yo: ¿Cuál?

Amiga: Mira.

Me sacó unas muñecas la cual se llamaban “brazts” parecidas a las barbies pero que no tenían nada que ver yo me quede algo sorprendida pero me quede callado y espere a que ella me contara su genial idea.

Azucena: ¿Por qué no jugamos? De todas formas no tenemos nada mas interesante que hacer.

Yo: Hace tiempo que no jugaba.

Amiga: Bueno yo tampoco, me las compré de colección pero un día es un día.

Yo: en eso tienes razón.

Comenzamos a jugar, tampoco hacíamos daño a nadie, era un juego sin importancia pero que con el tiempo se trasformaría en una obsesión tan grande que tenía que vencerla.

Sacó una muñeca y un muñeco; la muñeca se llamaba Nevra era morena con unos ojos saltones y marrones y delgada.

aEl muñeco se llamaba Cameron sus ojos eran de color azul era delgado y muy guapo le cogí bastante cariño a ese muñeco.

Ella llevaba a Cameron y yo a Nevra. El primer capítulo que hicimos consistía que ambos vivían como compañeros de piso y que poco a poco se enamoraban y de esa unión nacía un niño.

Cuando terminamos de jugar miré la hora y me tenía que ir. Habían pasado mas de 3 horas jugando y no nos habíamos dado cuenta.

Me fui a mi casa deje la chaqueta en el sofá me senté en el sofá y comencé a leer, mi madre se asomó y me dijo hola. Mi padre me miró y me dijo:

Papá: ¿Has hecho los deberes?

Yo: No, luego los haré.

Papá: ¿luego? Son las 9 y ahora mismo vamos a cenar te he dejado que te vayas…

Yo: ¡Papé! Déjame que me relaje un poco, el libro esta interesante.

Mamá: Y la chaqueta ponla en su sitio

Yo: La he dejado ahí por que tengo frió y…

Papá: Si tienes frió ponte la bata y la chaqueta la pones en su sitio y si el libro esta interesante lo lees después.

Yo: Vale, que pesados que sois.

Papá: Tú eres la que no haces caso, si lo hicieras te hubieras ahorrado que te lo dijéramos.

Cogí la mochila y saque el libro de lengua y comencé hacerlos, me resulto muy fácil pero también requería esfuerzo, pero como era algo que me gustaba pues lo hacía sin ningún esfuerzo.

Lo terminé y lo guardé en su mochila para que la plasta de mi madre no me riñera.

Durante la cena mis padres me interrogaron

Papá: ¿Dónde has estado?

Yo: en casa de mi amiga.

Papa: Y que habéis hecho.

Yo: Jugar a las barbies

Papá: ¿A las barbies? Con lo mayor que eres, es lo único que te faltaba.

Yo: Estábamos aburridas, tengo que reconocer que me ha gustado, pero prefiero mantenerme al margen.

Papá: No vuelvas a jugar, son juegos de niñas, y tu no eres una niña solo vas a tener mas pájaros en la cabeza.

Yo: Por eso, bueno voy a leer el libro.

Mamá: Eh quita la mesa

Yo: Joel que asco siempre mandándome no me dejáis libre.

Papá: lo que te decimos es por tu bien y libre eres libre.

Yo: pero no la libertad que quisiera.

Papá: aun no estas preparada.

Yo: ¿Y vosotros que sabréis?

Papá: Mucho mas que tú:

Yo: vosotros siempre lo sabéis todo y no me entendéis.

Me salí de la cocina y comencé a leer, me adentre en el mundo de la lectura y todo se me paso, en mi casa lo tenía todo me faltaba algo y no sabía lo que era.

Algo interrumpió mi lectura mi hermana entro de pronto y se sentó en la cama y sospeche que me quería darme algo.

Yo: ¿Qué quieres?

Eliana: tata jugamos

Yo: Estoy leyendo, luego.

Se bajó de la cama con el rostro triste y se fue. Mi hermana tenía 5 años. Me recordaba a mí en mi infancia añoraba tanto tener su edad y poder cambiar tantas cosas pero yo ya no podía; de pequeña le pedí a mi madre tener una hermana.

Mis padres lo intentaron y mi madre se quedó embarazada pero a los 4 meses tubo un aborto y yo perdí la esperanza, pero después nació mi hermana; recuerdo cuando fui al hospital con mi tía, no me dejaron pasar por que era pequeña y llamaron a mi padre para que bajara y bajo.

Dimos la vuelta y fuimos por la de urgencias y subimos a la habitación. Mi madre estaba tumbada en la cama le di un beso y después eché un vistazo en la cuna y exclamé:

Yo: ¡Que pequeña!

Mis padres se rieron y mi madre añadió

Mamá: ¿Que te pensabas que iba a salir como tu de grande?

Me quede callada sin saber que decir; yo le enseñe a decir su nombre, le enseñe las bocales y otras cosas y mi hermana ahora echaba de menos el estar conmigo y yo no lo apreciaba.

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