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Descubriendo el sexo con Brenda

Descubriendo el sexo con Brenda

Os cuento c√≥mo acabe descubriendo el sexo con Brenda. Ella es la chica de mis sue√Īos, la diosa que anhela mi cuerpo. Mi deseo en est√° en su mirar, y en cada cent√≠metro de piel, que me llama sin cesar, despertando mis m√°s profundas fantas√≠as.

Y todo comienza en este momento de la adolescencia, donde muchas cosas cambiaron en m√≠, yo nac√≠ del cambio. Nada era mejor que la fantas√≠a en ese momento a tal punto que me sent√≠a irreal. Nada pod√≠a creer del sexo sino como me lo imaginaba y sab√≠a que no era real, aunque daba todo porque as√≠ lo fuera. Masturbarme, pene erecto en las ma√Īanas, sensaci√≥n placentera de acabar, pornograf√≠a eventual (tampoco un depravado). Aun as√≠ no piensen que mi vida giraba en torno al placer, solo eran esos inicios, todos lo atravesamos.

Me considero un chico inteligente, siempre con miras a futuro, grandes ideas con pocos recursos financieros. Este no es el punto. En la universidad fue donde conocí a Brenda, yo estudiaba finanzas y ella administración, la misma escuela pero diferentes áreas. Me llama la atención, hago lo posible por conocerla y me hacen el ligue, todo poco a poco pero bien.

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Y aunque todo este tiempo hab√≠a disfrutado del placer propio, buscaba compartirlo y hacerme sentir de otro placer. Siempre te atrajeron las mujeres y las caracter√≠sticas de Brenda: Gl√ļteos firmes, cabello oscuro hasta la cintura, tez blanca, senos c√≥modos para su tama√Īo. Es decir, era perfecta con solo esas caracter√≠sticas. Nunca me imaginaba lo sexual, me intrigaba lo sensual pero una cosa llevaba a la otra. Sin buscarnos est√°bamos por encontrarnos.

Descubriendo el sexo con Brenda

Salimos en varias oportunidades, chateábamos en todo momento. Empezando la noche una foto de su carita me envió, le pedía más, negociamos fotos, todo se puso caliente. Era un sostén a medio poner, eran relieves de su cuerpo captados por mis ojos, y envidiando su cámara. Eran miradas que deseaba, eran curvas que provocaban, eran tan preciso el color de su torso y sus piernas. Su ropa interior que provocaba al misterio y percibía en fantasías su textura de encaje. Sentía el hormigueo en el abdomen, provocaba al deseo. Podía parar el tiempo, manipularlo a mi mejor momento.

El deseo acumulado, el motivo pendiente, la invitaci√≥n a no apagarse, la realidad nos arrop√≥ sobre carne erizada. Y fue suavemente como los labios, la lengua y los brazos encajaron como nunca. Se retiraba la prenda al ulular de la lechuza, se miraban los ojos sin compasi√≥n y con ternura ¬Ņextra√Īa combinaci√≥n? Los deseos de la cama son dispersos, nunca negocian. Gemidos como cantos de √°ngeles que en el cielo reposan, nada por aqu√≠ suena mejor. Tus caderas que chocaban con mi abdomen y hac√≠as lo que quer√≠as, era nuestro momento, lo hicimos y en mi cuerpo inspiraste el deseo del sexo. Y cuando despert√© lo supe que estaba descubriendo el sexo con Brenda

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