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La perversión de Cleopatra

Cleopatra

Era el antiguo Egipto unas décadas antes del nacimiento de Cristo. Había una mujer que dominaba el pecado en su carne. Era digna de todas las miradas, elogios y lujuriosos pensamientos de hombres y mujeres. Radiante, bendecida por los dioses no solo en su belleza y atractivo sino en su carácter e inteligencia. Su mirada penetrante y tentadora te seducía hasta los huesos. Como Reina de un imperio, la sangre que recorría su ardiente cuerpo solo reclamaba poder. Adaptando su belleza según le convenía, lograba seducir a sus víctimas y manejarlas a su antojo. Pero hubo un momento en que esa ambición de poder se convirtió en deseo de placer, con la perversión de Cleopatra…

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Por ser independiente, fuerte y seductora, fue una de las almas favoritas de Lilith para corromper en el pecado. Durante la noche mas oscura, Lilith decidió manifestarse ante ella y le ofreció los poderes mismos de los dioses a través de un brazalete y, Cleopatra no dudo en aceptarlo. Como ofrenda de su visita, un gato negro, representante de la oscura noche y sus pecados ligados al animal sagrado de su tierra, intensamente seductor.

Cleopatra, provocadora e impaciente por conquistar el corazón de uno de los hombres mas poderosos, Julio César, imitó los mejores atributos del regalo de Lilith. Delineó sus ojos con un intenso color negro para llamar la atención de su víctima, caminaba lentamente y movía sus caderas seductoramente. Sus provocativos vestidos apretaban su busto de tal forma que parecía que podrían romper la tela y dejarse mostrar. Mas abajo, en un tejido transparente, aberturas reveladoras que dejaban escapar sus largas piernas.

Cleopatra y Julio César

Julio, al acercarse, pudo oler un aroma dulce y embriagador del cuerpo de la joven Reina. Cleopatra, sumida en sueño de placer y seductora, rondaba alrededor con un discurso hipnotizador. Se apoderó de todos sus sentidos en un instante y cuando menos lo esperaba, ella estaba justo delante de él. Susurrando palabras que a su vez salían de la traviesa boca de Lilith detrás de ella. Al pasar sus manos por su piel, pudo encenderse y llenarse de pasión. Ella era suave y caliente a la vez y, antes de poseerlo, lo alimentaba con un beso, apoderándose así de su último sentido.

En su mente solo habitaba ella, su cuerpo, ahora era solo suyo. Era una tentación de la que no podía dejar de caer. Un éxtasis que le paralizaba y le llenaba de energía, verla sobre el, cabalgando su cuerpo, bombeando su hombría de arriba hacia abajo, a veces lento, sintiendo su calor y estrechez, otras rápido, que hacían rebotar sus pechos redondos y puteagudos, su cuerpo retorciéndose y su cabello rozando un brazalete de oro en forma de serpiente. Hermoso rostro lleno placer y pecado jadeante. Cleopatra, con su boca entreabierta, dejaba escapar gemidos que iban al ritmo de cada penetración, tomó una de las manos de su hombre y llevo uno de sus dedos hasta su boca de labios carnosos y lo succionó imitando una felación. Apretando sus muslos y vientre cada vez mas, clavo sus manos en el pecho de su amante y se dejó ir en toda su libertad, y el con ella; y con ellos Lilith, siempre misteriosa, quien se alimenta de la satisfacción y energía orgásmica que se desprende de los cuerpos extasiados a través de su hechizo.

Luego de este experimento, Cleopatra quedó enganchada a esa sensación tan abrumadora y transcendental de placer que Lilith le había proporcionado. Por lo que a partir de ese momento, planeaba como seguir satisfaciendo sus necesidades eróticas con nuevas experiencias. Con todas las riquezas y el poder a su favor, preparaba con todo lujo de detalles lo que serían orgías interminables con todos sus esclavos. Tanto, que entre ellos la llamaban la diosa del placer.

La perversión de Cleopatra

La reina de Egipto era una experta de los festines y complaciendo a sus invitados más sobresalientes. Pero que éstos no acababan después de comer. Como siempre y como era de esperarse, se preparaban los mejores manjares para la mesa central, llena de comidas exóticas y afrodisíacas. El mejor licor del continente. Complacía los paladares de cada uno de sus invitados, preparándolos para la llegada de su diosa, quien les había prometido, la mejor experiencia de sus vidas.

En el ambiente, se sentía una carga erótica que tenia a todos con el deseo a flor de piel, es entonces, cuando la reina aparecía frente a todos, con un aura de misterio y lujuria. Escogía uno por uno quienes la rodearían y allí mismo, quedaba despojaba de su túnica transparente. Dejando a los ojos de todos, la perfección de su cuerpo, ansioso de sentir todo el placer. Algunos ya extasiados, decidieron tirar sobre la mesa a las mujeres y embestirlas fuertemente, lo que comenzaba a calentar el cuerpo de Cleopatra.

Poco a poco, la reina se llenó de caricias, besos y apretones, cosas que con gusto aceptaba y deseaba que no pararan. Los latidos de su corazón eran cada vez más fuertes y la lujuria nublaba su mente. Abría su boca para que la llenaran de vino y lo dejaba chorrear por su cuerpo palpitante para que sus amantes lo lamieran. Paso por cada uno de ellos, cabalgándolos, tomando sus caras mientras estos chupaban sus senos redondos y mordían sus pezones.

La perversión de Cleopatra

Era todo un sueño que la reina se dejara poseer de esa manera, por lo que sus esclavos aprovechaban esa conexión y en un perpetuo trance la embestían por su parte trasera, en ocasiones se contraía y disfrutaba de la vista, mientras daba placer a sus invitados favoritos. Así mismo, tomaba al esclavo más excitado y lo hacia venir sobre ella, mientras sus esclavas más cercanas, eran las encargadas de tomarla por las piernas y darle placer con sus lenguas, comer de su reina y servirle con los mejores orgasmos de la sala. Los gemidos de Cleopatra se escuchaban al unísono de sus esclavos, llenos de éxtasis y pecado.

A veces sólo preparaba esos encuentros entre esclavos mientras ella permanecía en su trono observando, alimentándose de la energía sexual, la lujuria y los orgasmos de sus cuerpos desnudos. La hacia sentir poderosa, era poderosa y disfrutaba de ver a miles de personas gimiendo y disfrutando de sus placeres corrompidos y pervertidos en una infinita orgía, sólo para complacerla. Además, hacia que grandes personajes también participaran como parte de la bienvenida a su reino.

Fueron tantos sus encuentros sexuales, con personajes importantes de su época y millones de esclavos, que los escándalos no se podían contener. Grandes alianzas y acuerdos se sellaron gracias a los placeres que sin pudor organizaba Cleopatra. Los cuentos de las famosas fiestas cargadas de lujuria y placer que gozó, la hicieron famosa hasta en el último rincón del mundo. Tanto es así, que hasta el día de hoy, aun se escuchan los cuentos de aquellos largos encuentros eróticos y pecaminosos a manos de la hermosa e insaciable reina, en la perversión de Cleopatra, con Lilith susurrándole en el oído… como ocurre en otro relatos eróticos de la reencarnación del pecado.

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